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¿Podemos enseñar a nuestros hijos a comunicarse de forma eficaz?

Al educar a nuestro hijos multitud de preguntas se nos presentan en el día a día ¿lo estaré haciendo bien?, ¿será esta una opción adecuada?. Como padres nos toca la difícil tarea de educar y tenemos que tener claro que sí podemos enseñar a nuestros hijos a expresar sus deseos y opiniones de forma respetuosa, fomentando el diálogo y la comunicación en familia. Por ello, queremos daros algunas pautas para que los niños y adolescentes puedan desarrollar sus habilidades sociales y que sus relaciones interpersonales sean más sanas.

            ¿Cómo lo podemos conseguir? Será muy importante el tipo de normas que se establecen, estas deben ser claras, consensuadas y no excesivamente rígidas. Para su cumplimiento nos debemos basar en la responsabilidad, en el trato cariñoso y en una comunicación abierta, que le premie y refuerce. Debemos dar siempre un espacio para escuchar a nuestros hijos, así como, tener una actitud de aceptación e implicación, a la vez que fomentamos su autonomía. Gracias a ello, además de detectar posibles problemas, se sentirán más seguros y con más confianza para expresar sus emociones y tomar decisiones.

            ¿Y cuáles son las claves para una comunicación eficaz? Aquí os queremos hablar sobre la asertividad, como una habilidad para expresar opiniones y deseos de forma adecuada, sin caer en los extremos de la pasividad, por ejemplo, sin decir lo que pensamos, o la agresividad, dejándonos llevar por el enfado o hiriendo a los demás. Para conseguir que nuestros hijos sean asertivos debemos convertirnos en un modelo a seguir y os damos algunas claves para conseguirlo:

  • Aceptarles con sus ideas y actitudes y dejar que tengan sus propias experiencias. Por ejemplo, si un padre ha sufrido muchas burlas en su infancia, tenderá a “proteger” a su hijo, insistiéndole en la desconfianza hacia los demás o intentando que se anticipe a los ataques. Para que no ocurra, debemos analizar las propias ideas y temores, evitando proyectarlos sobre ellos.
  • No confundir errores puntuales con la personalidad. La persona que desde siempre piensa que “es mala” difícilmente podrá desarrollar una sana autoestima porque pensará que es una característica propia y que no puede hacer nada para cambiarlo. Por ello, debemos dialogar desde el afecto y el cariño, evitando las etiquetas o expresiones como “es que siempre lo haces mal” y cambiarlas por “a veces no te sale bien, pero si te esfuerzas lo conseguirás”.
  • Ajustar expectativas. Debemos ser pacientes con sus progresos, motivarles y adecuarnos a su edad. Por ejemplo, si nuestro hijo tiene 8 años le podremos enseñar cómo decirle a la profesora que no ve bien la pizarra y preguntarle si le puede poner delante, pero no se lo pediremos si aún tiene 5 años.
  • Ser empáticos. Mostrarnos activos al escucharles y dedicarles tiempo de calidad, dejando claro que nos interesa lo que nos cuenta, pero que no nos angustia e invitándoles a hablar. Si nuestro hijo ha salido llorando del colegio y en ese momento no quiere hablar, en vez de obligarle a contar lo que le ha pasado, podemos decirle de forma cariñosa: “No te preocupes, a veces si nos pasa algo negativo nos podemos bloquear y no tenemos ganas de hablar, pero si quieres más tarde puedes contármelo”.

Escrito por: Laura Lucía Salgado Pérez

Castanyer, O. (2014). Asertividad, expresión de una sana autoestima. Desclée de Brouwer.

Villarejo, S., Martínez Escudero, J.A. y García, O. F. (2020). Estilos parentales y su contribución al ajuste personal y social de los hijos. Ansiedad y Estrés 26,1-8. doi: 10.1016/j.anyes.2019.12.001

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